El «Síndrome de Trinity» o cómo NO escribir personajes femeninos

Este artículo contiene spoilers de la trilogía The Matrix.

Tasha Robinson (periodista y experta en cine) publicó en 2014 un artículo en The Dissolve hablando sobre lo que llamó “el Síndrome de Trinity”, haciendo referencia al personaje interpretado por Carrie-Anne Moss en la saga The Matrix. En él habla de la tendencia de las producciones comerciales a introducir personajes femeninos fuertes y capaces en un intento de sacar a las mujeres del rol de “víctimas y trofeos” típico de las películas de acción de los 80, y de cómo esto pierde todo el sentido si se hace de forma inadecuada. Y es que Trinity es uno de los personajes más fuertes de la trilogía: es rápida, buena en las artes marciales, hábil con el manejo de armas… además de una líder nata, admirada y respetada por sus compañeros y superiores. Lástima que esto sea totalmente irrelevante.

La primera vez que vemos a Trinity en pantalla es justamente en la primera escena de la película, sorprendida por unos agentes mientras está inmersa en una misión en Matrix. “Sus hombres ya están muertos” le dice Smith a uno de los jefes de policía, anunciándonos lo implacable que es. Tras protagonizar una intensa escena de acción con disparos, artes marciales a cámara lenta y saltos imposibles, consigue sortear a sus enemigos sin demasiados problemas, y logra escapar por una cabina telefónica un segundo antes de que un camión se estrelle contra ella. Y espero que lo hayas disfrutado, porque Trinity nunca volverá a ser tan increíble como en esta escena. A partir de aquí, la trama ignora todas aquellas cualidades que pretendía elogiar y va relegando poco a poco su papel al de “apoyo del protagonista masculino y su interés romántico”.

En The Matrix Reloaded, Neo sueña que Trinity morirá. Y ese será su trabajo durante toda la película: ser una víctima para que él pueda evolucionar como personaje. Bueno, ese y tener una escena de celos. Porque la película necesita que nos demos cuenta de que ahora Trinity es la-novia-de-Neo, y si para ello nos tiene que enseñar una rabieta innecesaria que se sale totalmente de su personaje y de la trama, lo hace y punto. Y la saga culmina en The Matrix Revolutions, donde (ahora sí que sí) Trinity muere y Neo libera todo su potencial.

Y la pregunta que queda por hacernos es: ¿para qué ha servido que ella sea tan fuerte e independiente? Ya te respondo yo: para nada. Y ahí es donde reside el problema.

Robinson empezó a detectar un patrón en estos personajes femeninos fuertes, y creó el siguiente cuestionario para saber si una mujer es realmente un personaje femenino fuerte con todos los honores (PFFTM) o si, por lo contrario, sufre este síndrome y no tiene una influencia real en el desarrollo de la trama, pero queda muy bien en el cartel promocional y hace que los productores puedan decir “¿Veis? ¡Esta película sí que respeta a las mujeres fuertes!”. Así que un PFF sufre el Síndrome de Trinity si:

  • No tiene influencia significativa en el desarrollo de la trama.
  • Su existencia está motivada por y para atender las necesidades y deseos del protagonista masculino. Por ejemplo: siendo violada, golpeada o secuestrada para motivarle; aceptando o declinando tener una cita o relaciones sexuales con él; regañándole para que espabile…
  • Puede ser perfectamente sustituida por una lámpara con una nota pegada en la que se incluya información útil para el protagonista.
  • Es el personaje más duro, más astuto, más decidido, más experimentado… hasta que llega el protagonista masculino.
  • O peor. Él es presentado como un completo inepto, pero evoluciona rápidamente durante toda la película, mientras que ella se mantiene estática y sólo le anima. Ella únicamente está para que el héroe la impresione.
  • Está bien si ella es impresionante, pero sólo para que él lo sea aún más en comparación cuando la supere o cuando tenga que rescatarla.
  • Es fuerte y competente hasta que la trama se pone seria, porque en ese momento necesitará que el héroe la rescate. Herir su orgullo es un factor importante.
  • Desaparece completamente a partir de la segunda mitad de la película o del tercer acto, por cualquier razón menos porque está haciendo algo significativo para la trama (no, ser una rehén o estar muerta no cuenta como algo significativo).

Basándose en estos puntos, Robinson identifica a varios personajes femeninos “afectados” por este síndrome, entre ellos Valka en Cómo entrenar a tu dragón 2, Wyldstyle en The Lego Movie o Tauriel en El Hobbit: la desolación de Smaug.

Y es que, curiosamente, es en las películas infantiles donde es más fácil detectar este patrón. En Kung Fu Panda tenemos a Tigresa, una de las mejores guerreras de kung-fu y la que parece ser la clara elegida como Guerrera del Dragón… hasta que llega Po. Aunque uno de los casos más dolorosos es el de Colette en la película de Pixar Ratatouille. Ella es la única mujer trabajando en la cocina del prestigioso restaurante Gusteau’s (de hecho, es la única mujer que aparece en toda la película). En uno de sus primeros diálogos, le deja muy claro a Lingüini lo mucho que le ha costado llegar hasta donde está, ya que la alta cocina es un mundo donde a las mujeres no se las deja acceder fácilmente, y que no va a renunciar a su sueño por nada ni por nadie. Pero la película no tarda en relegarla a un papel romántico y de cuidados, donde su mayor cometido será el de animar al protagonista depositado en él toda su confianza, hasta acabar perdidamente enamorada de él.

El problema que se esconde detrás de todo esto es que, en realidad, muchas de las grandes producciones todavía no han conseguido sacar a la mujer del rol de MacGuffin, aunque a simple vista podamos llegar a la conclusión de que sí. Cuando se habla de introducir personajes femeninos interesantes, lo que se busca no es meterlos con calzador y de cualquier forma y «ala, ahora a construir al héroe». Porque eso vuelve a ser relegar a la mujer a un papel secundario en el cine, a un lugar en alguna esquina porque su historia no merece ser contada, porque es una mujer.

Un personaje femenino fuerte no debería servir para llenar un cupo, para hacerle purplewashing a una película y que los productores aseguren su éxito en taquilla. Un personaje femenino fuerte debería incluirse como prueba de que nos hemos cansado de los típicos roles femeninos de víctima o de interés romántico, porque las mujeres con ambiciones y determinación existen y no debería ser complicado introducirlas en una historia sin desmerecerlas.